viernes, 14 de julio de 2017

AMOR CON GPS...





¿No creéis que hoy en día la gente tiene miedo a amar? ¿Es una suposición mía o hay algo de realidad en ello? Yo creo firmemente en el amor y mira que he intentado dejar de creer. Igual que dejé de creer en dioses e iglesias que me engañaban. Igual que dejé de creer en que todo el mundo es bueno. He intentado dejar de creer en el amor y el solo hecho de intentarlo me hace acercarme más a él mientras es mismo amor se aleja y se esconde. Qué complicado que es. Qué complicados que somos.

Yo dejé el mundo del flirteo y la "supuesta" búsqueda del amor hace poco más de once años. Porque encuentras a quien te complementa y vives creyendo que has encontrado el final de tu camino. Lo vives, lo disfrutas y, como me dijo mi amiga Ana hace muchísimos años, tiene fecha de caducidad aunque nos empeñemos en lo contrario. Y mi historia de amor vino con esa fecha y acabó. No me arrepiento de ninguno de los años que pasé a su lado porque me hizo crecer como persona y fueron necesarios para ser quien soy hoy en día. Pero termina y te encuentras perdido sentimentalmente. Te preguntas si volverás a amar. Si te volverán a amar. Ya no tienes cuarenta años y es como los trabajos: en cuanto dices que ya has pasado los cincuenta ni siquiera miran tu CV y pasan a otro más joven. Y es así... porque me he encontrado con un amor con GPS. Un amor que se anuncia en app's de contactos y que a mi me recuerdan más a un mercado virtual. Un mercado en el que lo importante es el cuerpo, la edad, la necesidades inmediatas. Fotos y más fotos con sonrisas, pechos desnudos, frases en las que se define claramente lo que se busca y si no te gusta te mandan educadamente a tomar por el culo (irónicamente). Y ese amor te habla de proximidad. Que si fulanito está a 200 metros, a 1 km, a 20 metros, a un metro. Que puede que lo tengas delante de tus narices y que, quizás, sea el hombre de tu vida. Porque van y te dicen que ya no se liga como antes. Que ahora si vas a un pub o una discoteca (qué pereza, de verdad...) ya no vale el seductor juego de las miradas, la copa, el "¿qué tal? ¿vienes mucho por aquí?". No, ya no sirve. Sencillamente ahora bailas, bebes, te drogas y luego, si eso, ya buscarás en las app al tipo que tenías a dos metros de ti y le mandarás un "hola" para quedar a echar el "polvo" de tu vida y olvidarlo para el resto de tus días. 

Así que ese amor en el que crees tanto se convierte en el supermercado de la frivolidad. Veamos, no quiero ir de estrecho, que uno tiene sus necesidades y a veces es muy cómodo (como pedir una pizza con los ingredientes adecuados y que te traerán en quince minutos muy calentita), pero con el tiempo te das cuenta de que todo ha cambiado y de que aún sales a la calle esperando encontrar unos ojos que te miren y te reconozcan. Pero el siglo XXI no nos ayuda mucho, porque esos ojos puede que estén inmersos en su móvil, en Facebook, en twitter o, para  hacerlo todo más absurdo, en esa misma app de contactos en la que puede que no estés porque el tipo en cuestión tiene los filtros que limitan tu edad, tu altura, tus ojos, tu vida...  así que ese que podría ser que tu alma gemela se pierda entre wifis y redes sociales y los ojos no se encuentran jamás... porque vivimos, además, en un mundo en el que ya se le pueden poner filtros al amor.

Pero tú sigues creyendo en el amor aunque te lo ponga difícil. Porque tienes mucho que dar, que entregar. Porque te consideras buena persona, inteligente, agradable, simpático y, en algunas culturas, hasta guapo. Y aún conoces la palabra romántico que muchos han olvidado. Que cuando dices que lo eres te bloquean de whatsapp e, incluso, ponen una orden de alejamiento. Hay veces, incluso, que conectas con alguien y hablas por mensajes. Conectas. ¡Qué bien todo! Mandas esos iconos que tanto aborreces pero parece que vienen bien en la conversación. Sigues y sigues. Te prometes que mañana seguirás hablando. ¡Cómo no lo vais a hacer si habéis tenido una conversación tan divertida e inteligente! Pero al día siguiente no hablas. No conectas. Ya no queda nada de la anterior diversión. Porque ese amor se llena de la pasión del momento y en ese mercado virtual hay muchos peces. Y a ti se te lleva la corriente y ya no puedes volver. 

Es entonces cuando te deprimes un poco. Cuando miras a amigas y amigos tuyos que tienen relaciones envidiables. Y te preguntas si llegarás a tenerlo tú. Pero estás en casa en el sofá y, de repente, echas de menos una mano que te acaricie y tu mano echa de menos una cabeza a la que revolver el pelo. Suspiras. Añoras. Y a los cinco minutos te das cuenta de lo bien que estás solo. Que puedes ver las series que te apetezcan o jugar a la play doce horas seguidas. ¿Te engañas? No sé. Te dicen que tienes que quererte tú. Mucho. Que la persona de tu vida eres tú. Incluso tú mismo has escrito un libro diciéndolo. Y te lo crees. Te lo crees mucho. Porque estamos en la era de las frases. Todos tenemos la frase perfecta para justificar muchas de nuestras carencias. Somos expertos en buscar excusas a lo que sentimos y a lo que no sentimos. Que estás solo... pues te dices "mejor solo que mal acompañado" y te quedas más contento que unas pascuas. Que echas de menos el amor y no lo tienes, pues te escribes en la nevera "si deseas amor, verdadero amor, aprende primero a amarte a ti mismo". Y oye... que te quedas nuevo. Si es que uno está triste porque le da la gana. Que las frases te lo arreglan todo. O sino te mentes en Facebook y allí ves lo felices que son tus amigos. Toooodos son muy felices y llenan su muro de miles de frases con las que si no eres igualmente feliz es porque eres absolutamente gilipollas. Y además, cuando te reúnes con amigos y sale el tema de compartir tu vida con alguien, nos ponemos en guardia y presumimos de que "oye, lo mejor es querer a alguien y cada uno en su casa. Con mi libertad. Que es la mejor forma de que una cosa dure, sin agobios" Y tú les miras y dices "Sí, sí.." así muy convencido aunque por dentro sigas deseando no dejar ese sentimiento que se alimenta de historias de amor en las que tan solo quieres mirar a ese que amas a los ojos y perderte en ellos; que tan solo quieres perderte por el mundo y no necesitar más; con el que quieres despertarte siempre y velar sus sueños; vivir y vivir y envejecer de su mano. Peleas por que ese sentimiento no se escape mientras dices "sí.. sí..." para que tus amigos no pongan también una orden de alejamiento por sentir, por creer, por necesitar amar... 

Y no sé si encontraré lo que busco porque ni siquiera sé ya lo que busco. Esta vida que vivimos nos está alejando del sentimiento que tanto disfruté en el pasado. Quiero aferrarme a mi mismo. Quiero creer que aún es posible. Que algún día unos ojos no estarán enfrascados en un móvil y nos reconoceremos. Yo sigo mirando de reojo y sigo suspirando (lo estoy haciendo ahora mismo). Seguiré siendo raro. Seguiré siendo una especie en peligro de extinción pero sé que muchos de los que me estáis leyendo pensáis como yo aunque ni siquiera seáis conscientes de ello. Así que no miréis edades, ni experiencia emocional. Decid lo que pensáis porque yo lo hago. Desde que se me escaparon todos aquellos abrazos que no podré dar nunca más, digo lo que pienso, siento lo que digo y hago lo que necesito. 

Así que si me veis por la calle decidme hola. Dadme un abrazo. Invitadme a un café. Porque igual estamos destinados y podremos escapar de ese amor con GPS, de ese mercado abierto 24 horas al día. Quizás ya nos conozcamos y aún no nos hayamos reconocido. Quizás... mientras tanto seguiré sonriendo y pensando que es posible...

... y ¿tú? ¿Crees que es posible?

sábado, 17 de junio de 2017

UN PUÑETAZO EN LA MESA.



A todo el que aún no lo sabe, vivo para escribir pero, desgraciadamente, escribo para vivir. No es un hobbie. No hago presentaciones en ciudades de España porque me apetece perder dinero y viajar como el baúl de la Piquer. Y todo lo que digo ahora viene a causa de algunos comentarios que estoy recibiendo en los que he detectado que esto lo hago para pasar el rato.

Tengo que aclararlo. Ha llegado un momento de dar un puñetazo en la mesa y dejar claras ciertas cosas. He trabajado durante muchos años casi gratis para hacerme un hueco en este difícil mundo. Lo he conseguido, para qué engañarnos. He tenido suerte porque gente me ha abierto puertas que pueden ser cerradas en los morros por más que vengas de parte de... a no ser que sirva tu material. Y sí... se trabaja gratis, por si no lo sabéis. No tienes caché, no eres nadie y peleas, peleas sin parar. Esto lo extiendo a muchos campos de mi área: actores, actrices, directores, pintores, cantantes, etc... Pero claro, yo tengo que reducirlo a lo mío, a la escritura. Y hoy, desafortunadamente, es muy muy fácil publicar un libro aunque no tenga la suficiente calidad (si no lo creéis os puedo dar el nombre de alguna editorial que os lo hará con gusto porque sabe que con vuestra presentación tiene aseguradas algunas ventas y ya le compensa. Publicarás tu libro y así solo te quedará viajar en globo, tener un hijo y plantar un árbol). Y hoy en día TÚ escribes libros, monólogos... para otras personas y esas, que no tienen la menor idea de como juntar cuatro frases juntas, se llevan los laureles y se hacen pasar por escritores, guionistas... Y de esa manera se satura el mercado y la gente deja de leer. Compran libros tan solo por una dedicatoria o la foto. Se mueren por un photocall y asisten a la presentación dependiendo de la categoría del lugar (de todo el mundo es sabido que es mejor una foto en alguna sala del Palacio Real que en un Carrefour). Y la literatura se prostituye como ocurre con muchas otras profesiones.

Así que grito porque estoy harto. Y quien quiera leer entrelíneas que lo haga. Yo siento lo que escribo y lo vivo. Es una necesidad porque sino se me mueren las palabras. Afortunadamente me sigo ganando la vida con la escritura aunque sea enfocada a otros medios. Tan solo quiero decir a algunas personas con toda la acritud del mundo que "no me toquéis los cojones, por favor..." ¿Sabíais que para poder comprarme una caja de Paracetamol tengo que vender casi cuatro libros? ¿Y que para ir al cine es necesario que venda unos nueve libros? Voy mucho más allá... ¿para hacer la compra semanal igual debería vender unos sesenta? Para pagar los autónomos digamos que al mes debería de vender casi trescientos... y ni decir si me quisiese comprar un coche o pagar la comida mensual de mi perra...

Vivo para escribir pero no es un hobbie. Escribo para vivir. Y todos los comentarios de apoyo son agradecidos pero como rezan todas esas frases que los artistas colgamos de vez en cuando:

APOYA A TUS AMIGOS LOS ARTISTAS.
NO PIDIENDO COSAS GRATIS.
ASISTIENDO A SUS PRESENTACIONES Y SIENDO EL PRIMERO EN COMPRAR SUS PRODUCTOS DE CREACIÓN.

Y si alguien considera que todo esto es una rabieta... entonces puede que no haya entendido nada...

Y gracias por haber leído esto hasta el final... aunque lo haya escrito gratis.

miércoles, 7 de junio de 2017

CUANDO TE ENAMORAS DE ROSARIO...



Rosario. Ya solo el nombre te invita a saber de qué va todo esto. Y esto va de fuerza, de arte, de sorpresas, de un punto de miedo, de sonrisas, de alguna carcajada perdida... Pero sobre todo va de Carmen Carro. ¿Qué decir de ella? Que me tiene loco con sus registros, con su humildad, con su punto de locura, con su entrega incondicional...

¿De qué hablas Javier? Pues de Rosario... una obra que se va a representar todos los jueves de junio en la Sala Azarte en Madrid. Y si no vais a verla os arrepentiréis siempre. Porque no descubriréis la pena de la soledad y la pena de la esperanza. Porque no podréis sentir el grito de futuro que nos lanza este personaje. La fuerza con la que te arrolla desde el primer minuto. Porque Rosario enamora, ese punto psicópata te hace quererla aún un poco más. Te preguntas por momentos si te faltará un tornillo y no... te sobran muchos y todos los recoge ella para formar a su personaje.

Carmen lo da todo. Y cuando digo todo es todo. Se rasga de arriba abajo para parir a Rosario y lo hace con genio, con arte, con amor. Porque Carmen escribe, actúa, dirige... Carmen me fascina, me apasiona, me rapta entre sus frases que te permiten leer entrelíneas sin misterio, sin dolor, sin dificultad...

Debéis de ver esta obra porque para mi es de lo mejor que he visto en estos últimos meses. Una obra que debería de saltar a teatros más grandes, que debería llegar a ese público que ni siquiera sabe que necesita esta obra. Porque Rosario me trae cinco horas con un Mario que se cubre de sangre. Porque Rosario te obliga a desear que nunca acabe; que no quieras salir de esas paredes que ya son tu casa. Porque de alguna manera todos somos Rosario y gritamos con ella en una escena en la que te reconocerás y que no te voy a desvelar. Nos recrea un momento de la historia en la que todos deseamos hacer algo que nunca pasó... y para eso deberás de ir. Para eso deberás de sacar tu entrada ya... Te voy a poner el enlace para hacértelo más fácil... pero date prisa porque o te quedarás sin sitio. 

Pincha en:


Luego después vienes y me lo cuentas. Porque tu vida no volverá a ser la misma. Porque dentro de la obra hay sorpresas que no puedo desvelar por más que mis dedos lo deseen... pero ese es tu papel, tu momento...

Gracias Carmen por regalarnos tanto, por regalarnos a Rosario y convencernos de que... todo... si se desea con el corazón... es posible.

domingo, 7 de mayo de 2017

THE WALKING DEAD O EL ABURRIMIENTO DE LOS MUERTOS...



Pues sí, de una vez por todas voy a dedicar este blog  para lo que fue diseñado: las series de televisión. Sí, porque me llaman experto en ellas y creo que debería hablar de lo que opino. Puede que estés de acuerdo o no, pero soy un devorador de ellas y cada día suelo consumir dos o tres episodios con lo que se puede decir que algo podría opinar.

Quiero aclarar una cosa: odio los spoilers igual que odio esa palabrita del demonio. Es verdad que queda muy bien para definir lo que significa: adelantos de lo que va a ver, pistas sobre la trama, destrozos de sorpresas...  odio los trailers que ya no son como los de antes. Hoy en día suelen duran cuatro o cinco minutos en los que les falta poner el final (en alguna ocasión lo han hecho y he sufrido en silencio las ganas de levantarme del cine y largarme a una galaxia muy muy lejana). 

Por lo tanto... vamos allá. He decidido empezar con The Walking Dead. Una serie que me fascinó desde el principio y que, en esta última temporada, me ha hecho desear que caiga un meteorito que se lleve por delante a todos los protagonistas.

Cuando vi el primer episodio me quedé fascinado por esa caótica sensación de soledad. Vemos al protagonista despertarse en un hospital tras sufrir un coma. Si nos ponemos en su lugar podemos llegar a sentir ese horror. El horror de que la vida haya cambiado completamente desde que se quedó "dormido". A veces me ponía en su lugar. ¿Qué nos pasaría si nos quedamos dormidos y al despertar comprobásemos que todo ha cambiado? ¿Que el mundo se ha llenado de muertos y puede que tú... seas el único superviviente? La idea era bestial. Las tramas me alucinaban. Llegaba un momento en el que lo menos importante eran los muertos vivientes (¿os habéis dado cuenta de que en ningún momento se dice la palabra "zombi"?), y lo que sí importaba era la supervivencia, las relaciones, el adaptarse a un mundo que se había puesto patas arriba.

Y temporada a temporada me regalaban emociones nuevas. Creo que en ninguna serie he tenido esa necesidad de dejar de verla. Pero no porque no me guste, sino por la angustia que me producían ciertas escenas. Era agónica. Retrataba tan bien esa atmósfera que todo en ella rezumaba calidad. 

Pero llegó esta última temporada. La siete. Teníamos muchas ganas de que comenzase. El primer episodio fue lo mejor que he visto en mucho tiempo. Por momentos tuve tanta ansiedad que a punto estuve de dejar de ver el episodio. Increíble. De verdad. Pero a partir de entonces la serie empezó a ir cuesta abajo. A toda velocidad. Es lo malo de poner el listón tan alto nada más comenzar. ¿Cómo superas eso? A veces creo que ni siquiera los guionistas salían de su asombro ante el impresionante episodio que se habían sacado de lo más profundo de sus entrañas. Y continuar en la línea era complicado. Y se notó. Durante los quince episodios restantes nos dedicaron tramas planas, historias que no interesaban un pimiento y que conseguían hacer que me preocupase más del  móvil que de la televisión. Me molestaba sentirme así. Porque adoro  The Walking Dead y todo lo que significa. Sin embargo todo apuntaba a un desfile de aburrimiento y tedio. Y así fue.

No os podéis imaginar cómo me molesta hablar así pues soy un claro defensor de la serie, pero esta temporada no me ha dado ningún tipo de alegría. He tenido esa sensación de pérdida de tiempo y el que pase pronto este resquemor que me ha quedado y que la próxima temporada sea bastante mejor. Una cosa os digo, tras este desastre no creo que sea muy difícil mejorarlo. 

Eso si... tras estos 16 episodios me surgen unas cuantas preguntas que paso a compartir:

-¿En qué momento han adquirido el poder de munición ilimitada?
-¿Quién les corta el pelo y, a algunos, les suministra esas cantidades ingentes de laca?
-¿Si los muertos no paran de comer, donde y cuando defecan?
-¿Con qué producto limpia Negan a Lucille?
-Con lo mal que sale la sangre, ¿como tienen a menudo la ropa tan impecable?
Y lo más importante...:
-¿Alguien se cree lo del tigre?

La última pregunta es:
-¿Veré la próxima temporada?

Así que os dejo con vuestros pensamientos y, sobre todo, me encantaría que dejaseis algún comentario sobre lo que os ha parecido esta temporada 7...


viernes, 28 de abril de 2017

BLOGSTERAPP O COMO RECUPERAR TUS RECUERDOS...



Todos y todas sabéis que llevo unos cuantos años siendo blogger. Es una forma de expresar aquello que sale de tu interior. Como escritor intentas ir más allá de tus novelas, de tus obras de teatro… Día  a día o semana a semana plasmas momentos que deseas compartir con ojos ávidos de sensaciones.

Pero un buen día te planteas que aquello que escribiste en el pasado se pierde como si fuese un recuerdo olvidado. No podéis imaginar cómo te quedas cuando eres consciente de que muy posiblemente nadie volverá a leer aquello que publicaste años atrás. Incluso tú mismo te olvidarás que aquel post que con tanto empeño escribiste. A mi me da mucha pena. Por eso, de vez en cuando decides volver a tu historial de entradas y recuperas cosas que te vuelven a emocionar. Es un trabajo que haces con ilusión aunque se vuelve pesado. Sabes que debes de cuidar a tus lectores y lectoras. Que te gustaría mucho que todos los nuevos seguidores pudiesen disfrutar de tus recuerdos, esos que no leyeron en su momento.

Pero no siempre tienes tiempo. No siempre es posible. Por lo que a menudo decides postergar esa labor porque necesitas crear nuevo contenido. Aunque siempre te queda la esperanza de que alguien piense en esto y cree alguna herramienta que lo haga por ti. Te extraña que con la cantidad de aplicaciones que hay hoy en día por internet nadie piense en nosotros, bloggers por convencimiento; escritores que día a día imaginamos sueños.

Pues tengo buenas noticias porque alguien ya ha pensado en esto y no podéis ni imaginar lo que a mi, particularmente, me ha alegrado. La aplicación en cuestión se llama BlogsterApp. Es todo lo que yo imaginaba. De verdad. Es como si nos hubiesen leído la mente pasando directamente a la acción. BlogsterApp nos recupera entradas que incluso nosotros hemos olvidado. Las publica en nuestras redes sociales preferidas: Facebook, Twitter, Linkedin… Los que me leéis habréis comprobado que no soy yo persona de hacer mucha publicidad, pero es que esto tenía que contarlo por lo maravillado que estoy. Cuando encuentras algo que sabes que va a ayudar a muchos de tus compañeros y compañeras tienes que decirlo. Os lo aseguro, no os vais a arrepentir. Con esta aplicación tú eres el dueño y la dueña de los recuerdos que quieres recuperar. Yo, la verdad, intento no saturar aunque inicialmente te dan ganas de que BlogsterApp te lance cuantas más entradas mejor… No. Ya sabemos que “menos es más”.

Venga, no quiero agobiar con el tema pero es que estoy tan encantado que tenía que contarlo. El volver a ver entradas que creí ni haber escrito hace que mi corazón de un salto. Yo mismo las releo y siento de nuevo toda la ilusión con la que las escribí.

Sólo me queda poner la dirección de la aplicación (por cierto, es sólo para PC, por el momento no existe aplicación para el móvil) y que empecéis a disfrutar de su magia. Además, que no se me olvide, su uso es muy sencillo e intuitivo. La han creado de forma que nada más empezar  te lleva de la mano con un tutorial amable y efectivo.  Os da  la posibilidad de usarlo gratis durante 15 días pero, hacedme caso, cuando lo hayáis probado ya no os querréis separar de BlogsterApp.

Venga… a recuperar sueños. Este es el link y ya  me contaréis vuestras impresiones:


lunes, 10 de abril de 2017

JAVIER VE A LA LUZ...



Pues el otro día me metí en una tienda de esa que tienen cosas que te entran por los ojos y encima están a muy buen precio. De esas que te pierden y de las que sales siempre con algo porque:

-¿Cómo no voy a comprar un escurridor de platos tan mono si encima está a dos euros?

Tú ni te planteas que no tienes sitio para un escurre platos, que ni siquiera escurres los platos porque puede que hasta tengas un lavavajillas último modelo. Pero mira yo, en mi infancia, era de los que compraba el primer fascículo de todo porque por 100 pesetas te regalaban un fichero para coleccionar fichas de mecánica de  coches (aunque me la trajese floja todo el mundo automovilístico) o, ¡me quedo muerto!, te adjuntaban un fichero de plástico duro con separadores incluidos para meter las fichas de "¡Insectos por el mundo!". 

Ni decir tiene que mi madre estaba aterrorizada porque siempre me veía llegar con un cartón tamaño paella para doce en el que incluían el primer fascículo y ese regalo preciado que pasaría a formar parte de mi dulce Síndrome de Diógenes "fascicular" (que nada tenía que ver con ventrículos ni corazones enfermos).

Y ahora me vais a decir que no vivisteis aquella época dorada de fascículos semanales con regalos de escándalo. Hoy ha cambiado un poco la cosa pues el precio es bastante más algo pero siempre te dan algo para picar y que empieces a construir La Giralda de Sevilla tamaño natural.

Total, que el otro día (que me voy por las ramas), entré en una de esas tiendas y vi una lamparita de esas solares que las pones en tu jardín e iluminan las noches estrelladas. Mi cabeza se vio el jardín repleto de luciérnagas de mentira que tan sólo pedían unas migajas de sol. ¡Y tan sólo costaban UN euro por unidad! ¡¡Quién no va a comprar eso!! Yo iba a iluminar hasta El Retiro con esos palitos maravilloso que costaban ¡¡UN EURO!! (repito).

Así que me fui emocionado cual niño de diez años con el primer fascículo de "Construya su Central Nuclear en diez pasos" y coloqué las lamparitas en mi pequeño vergel de jardín. El día era soleado. La noche iba a ser un escándalo del que hablarían hasta en Sálvame. No sabía si organizar una pequeña fiesta en la colonia como si fuese la ceremonia de iluminación de Navidad o las luces ganadoras de las Fallas de Valencia. El momento prometía. Me fui a trabajar y cuando volvía de noche ya representaba en mi cabeza lo que iba a ocurrir. Abriría la puerta del jardincito y vería esas luces cual hadas nocturnas dándome la bienvenida.

Entré.

Nada.

Pero Nada. Nada.

Oscuridad. Pensé que igual no se habían cargado lo suficiente. Que no les había dado el sol. Que como valían un euro necesitaban mes y medio de carga. Así que las miré algo con lupa (porque de todos es sabido que soy un gran experto en paneles solares) y no vi nada raro. La verdad es que no vi nada raro porque tampoco sabía lo que mirar. 

Pensé que igual al día siguiente se obraría la magia.

Nada.

Pero Nada. Nada.

Así que me planteé ir a la tienda y decir que "mire usted, que cómo se les ocurre tomarme el pelo. Que un euro es un euro como una rosa es una rosa. Que Mecano sabía mucho de todo esto".

Pero me dio vergüenza y seguí mirando los palitos de colores y pensando que igual me servían para hacer pinchos morunos. Pero mi cabeza no paraba de dar vueltas y, sobre todo, echarle coraje y entrar en la tienda para reclamar mis derechos.

Lo he hecho esta mañana. He entrado y les he dicho que "el otro día os compré unos palitos de estos solares que van con el sol, por eso son solares (risas enlatadas) y llevo varios días y esto... que no van".

La dependienta me ha mirado muy muy amable y se ha dirigido conmigo al lugar en el que las tenían expuestas. Yo no sabía cómo se iba a desarrollar la situación. Igual me regalaba todas las existencias de lamparitas y yo me iba más contento que unas pascuas. ¡Qué nervios! Así que ella ha cogido una lamparita, le ha quitado una tapa y me ha preguntado:

-¿Le has dado al ON?

Me he quedado algo callado sin poder reaccionar. ON. Mi cabeza ha valorado todas las posibilidades. La puerta me cogía muy lejos para desaparecer. Debía de enfrentarme al momento. Abro la boca. Hablo.

-Ah, ¿pero tiene botón de ON?

No miréis así las letras, por favor. ¡Valía UN EURO! ¿Cómo iba a pensar que por un EURO me iban a dar una lamparita con bombilla, cuerpo de plástico, panel solar y BOTON ON? ¿Estamos locos? Así que como la chica me miraba con cara de "te he pillado" yo he preguntado:

-Ah, ¿pero tiene botón de ON?

Estaba como en bucle. Porque SÍ, tenía botón ON. TIENE botón ON. Le he dado las gracias efusivamente y la he dejado gritándome:

-Vamos, pero que si no funciona las traes y te devolvemos el dinero.

Las voces se han quedado atrás. Tenía que llegar a casa y ver si mis lamparitas tenías botón ON. Si funcionaban. Si aún me quedaba esperanza. Y sí. Amigos y amigas. SÍ. Tiene botón ON. Lo he accionado, me he metido en un lugar oscuro de casa y ¡ZAS! se ha hecho la luz. Creo que hasta he escuchado el Hallelujah de Händel.

Y esta noche, cuando llegue a casa iré a la luz porque... esta noche, por fin, mis lamparitas se llenarán de esa luz que llevan acumulando días y días. Igual si salís al balcón y miráis al cielo podréis ver un resplandor que viene de Madrid. Un resplandor que sale de mi casa. Pensad en mi si la luna está algo más brillante que de costumbre. Esta noche la luz la pongo yo.

Eso sí... cuando compréis algo, por favor, por favor, mirad si tiene botón ON... que luego pasa lo que pasa y se te queda la cara de tonto para los restos. 

miércoles, 15 de marzo de 2017

LO QUE VIENE SIENDO REPARTIR "HOSTIAS"...



La gente que bien me quiere dice que ponga un filtro a mis dedos, a mis pensamientos pero, aunque lo intento, me cuesta mucho el callarme ante muchas cosas que me parecen dignas de la mismísima Inquisición. Hoy me he despertado con esta noticia que me ha acuchillado el alma por todos los rincones. Este es el ejemplo de esos que nos machacan e intentan dar ejemplo. Esos cuyos seguidores llenan nuestras ciudades de autobuses intentando dar lecciones para un examen que deberían de suspender siempre. Estas son las bases de unas sonrisas hipócritas que maquillan los deseos más ocultos y depravados. Esta es la verdad siendo otro tipo de secta aprobada por la sociedad. Por lo visto cuando yo era acosado en el colegio y los curas me subían a la habitación para tocarme aquello que quedaba al aire, era porque yo lo iba pidiendo a gritos. Parece ser que con diez u once años vas provocando con tus pantalones cortos y tu inocencia... que las "hostias" que nos pegaban y las palizas que yo he presenciado en clase, era porque si, porque eso curas tenían la supuesta ley de su Dios en la mano y la verdad absoluta. Pues no, nadie tiene la verdad absoluta. Nadie es quién para opinar de tu vida y menos aún, nadie se tiene que atrever a culpar del dolor a aquel o aquella que sufre ese dolor en silencio. Cuánta homosexualidad reprimida noto en esas miradas, en esas sonrisas hipócritas. Cuanta oscuridad y deseo sexual se grita entrelíneas. Me dan asco. Me dan mucho asco. He conocido curas gays que se pierden en garitos de ambiente intentando arrancar migajas de placer ocultándose en cuartos oscuros que saben a confesionario. He escuchado a ciertos curas decir auténticas barbaridades y ser más supuestas "locas" que esa Drag Queen que emuló a Madonna e intentó innovar con su número sobre la Virgen. Esa misma que fue inseminada por una paloma, acontecimiento que si dijeses hoy en día te llevarían derechito al manicomio. Yo no soy religioso. No sigo ninguna secta aunque la llamen católica. Creo en mi día día. Intento respetar ciertas creencias aunque me cueste un esfuerzo tremendo. Dejé de creer hace mucho tiempo, quizás porque mi supuesta "inteligencia" analiza los factores y saca conclusiones. Que no quiero desperdiciar mi vida entre oraciones y creencias de un paraíso o un Juicio Final. Que a mi me suenan a cuentos para niños pequeños. Cuentos de terror. Que no quiero que llegue el día en el que me vaya de este mundo y durante unos segundos me sienta defraudado por no encontrar un San Pedro con sus llaves esperando mi entrada en un Spa Celestial con Todo Incluido. Aunque cierta parte de la sociedad te diga que son metáforas y que no hay que tomarlo al pie de la letra. Venga, va, ¿en serio? Intento respetar pero se me va el respeto al leer estas opiniones, al presenciar autobuses que acosan a niños y niñas que no se sienten tales. Autobuses con frases ofensivas que intentan convencer de que no son dignos de vivir y que su única solución es desaparecer de este mundo. Porque eso me transmitieron a mi de pequeño, eso hicieron entre todos. Lo reconozco, no quise vivir porque esa iglesia a la que me obligaban a ir me transmitía el pecado y el terror. Mientras tanto esos curas me invitaban a su habitación para palpar mi piel, esa piel que tatuaron de desconcierto. Intento respetar y se me va el respeto cuando se da noticia a manifestaciones de ultracatólicos que tratan al homosexual como un perro, un insulto que a mi me debería de sentar bien pues los perros son mucho más tolerantes con el ser humano que esos supuestos "conocedores" de la verdad universal. Pero no puedo respetar que me llamen monstruo, no puedo respetar que gente que conozco se haya quitado la vida porque se les ha convencido de que no la merecen. No puedo respetar y por lo tanto, según ellos, soy carne de infierno. Un infierno del que ellos son los propietarios. Un infierno en el que yo he vivido gracias a sus sonrisas cargadas de maldad. Por lo tanto me levanto y grito un: "¡BASTA YA!". Que nos dejen en paz. Que en este país somos muchos menos católicos de lo que dicen las estadísticas. Que nos lo ponen muy difícil para salir de esa secta. Que les convienen los números porque esos números son subvenciones, presuntamente claro. Y por favor, sólo pido que se me excomulgue de una vez de una religión que no practico, en la que no creo y de la que renegué hace mucho tiempo.