¿POKEMON...?



Como cabras. Estamos como verdaderas cabras. Mirad la foto. Es terrorífica. ¿Puede representarse la soledad y la abstracción de manera más clara?  Hay defensores y retractores pero una cosa se impone sobre cualquier opinión... a la humanidad se le ha perdido un tornillo o un set completo. Y reconozco que cuando escuché lo de Pokemon GO tuve curiosidad. Me bajé la aplicación y al momento ese avatar que caminaba en un mapa virtual me dio bastante respeto. Pensé que ya me estaban localizando otra vez, que iban a saber de mis movimientos e, incluso, me iban a dirigir donde les saliese de las narices. Porque iban a colocarte el Vellocino de Oro allá donde le saliese de los pokemons y tú, obediente, irías sin rechistar. Me dio miedo y curiosidad. Probé el jueguecito en sí y vi un bicho amarillo en mi habitación  así que lo cacé. Era una tontería como una casa, sinceramente. Pero en el momento en el que me descubrí en el metro cazando otro bicharraco que se ubicaba en la espalda de una señora, pues borré la aplicación sin decirme ni mu. ¡Qué miedo! No sé si estaré equivocado o si tendré toda la razón del mundo, pero al igual que siempre he pensado (presuntamente para que no vengan las petroleras a hundir mi vida) que los GPS son financiados por las empresas petrolíferas o, en su defecto, gasolineras para que gastes combustible mientras ten llevan por caminos que nunca hubieses elegido, pienso que los Pokemons Go son idea de las compañías de teléfono para que chupes megas sin ton ni son, empresas publicitarias para llevarte a sus negocios y, ya como posibilidad más oscura, organizaciones que tan sólo desean tenerte localizado para conseguir cosas que no quiero ni imaginar. 

Pero como somos una nación que se comería un rodapié empanado si tuviese el suficiente apoyo televisivo, pues salimos a la calle y nos juntamos en la Puerta del Sol como ciudadanos obedientes. Y no para quejarnos sobre la situación de este gobierno que no existe, o el problema del paro, o la corrupción, o la pobreza, el hambre, el maltrato animal, la capa de ozono... ¿sigo? No, nos juntamos para cazar bicharracos de colores. Y nos quedamos tan panchos. Y leo por ahí que no se hace daño a nadie y seguramente es verdad, pero sigue siendo una cortina de humo para que no veamos más allá de nuestros móviles. El otro día iba en el metro y a mi lado tenía cuatro o cinco muchachos enfrascados en su mundo virtual en el que son cazadores de esos monstruos que me aterrorizan. Otra chorradica más para que nos metamos en esa burbuja de cristal que nos lleva a otro mundo. Tenemos los ojos hipnotizados por pantallas de smartphones que son más listos de lo que pensamos. Siris que escuchan nuestras conversaciones y aprenden de ellas para luego sorprendernos con noticias sobre aquello que acabamos de pensar. Esas que miramos atónitos y nos decimos un simple: "anda... qué casualidad... ahora mismo tenía en la cabeza esta noticia". Y ni nos planteamos realidades que van más allá de nuestra comprensión.

Y la solución, ¿cuál es? Pues no sé si ya hay vuelta atrás. Es triste el pensar cuántas miradas nos perdemos por estar tan sólo atentos a Pokemos, Facebooks, Twitters y demás... Cuantas historias podrían haber empezado y que ya no se producirán. Porque el destino se ha cansado de poner de su parte. El destino no tenía previstas esas cortinas de humo. Y ese destino se cabrea consigo mismo porque se supone que lo tendría que saber todo. Pero mientras tanto las miradas se perderán. Esas que aún no se han visto infectadas por lo virtual. Esas que suplican vida. Esas miradas se volverán grises y puede que terminen descargando aplicaciones que manchen su inocencia. 

¿Piensas que tengo algo de razón? ¿Piensas que estoy equivocado? Bien es verdad que mientras lees todo esto puede que estés perdiendo esas miradas de las que hablo. Igualmente replicarás que lo mismo ocurrirá a quien lea un libro, un periódico, una revista... Pues sí... puede que sí. Pero creo que la miradas se alían con estos y esperan. Porque cuando lees estás en un mundo en el que tus sentidos se ponen alerta y te hablan de señales. Porque cuando lees sientes las miradas y las identificas sin problema. Porque los libros no saben de virus informáticos. Los libros te reconocen y te enseñan a mirar de reojo. E igual piensas que no estoy bien de la cabeza y puede que no lo esté. Quizás porque huyo de este río de "normalidad" que no me sirve. Huyo de este camino que nos lleva a un precipicio (siento ser tan catastrófico pero es mi sensación), un precipicio que puede que les convenga a políticos y demás. Un vacío en el que convencernos de que la corrupción no tiene importancia, que hay que gastar porque ya no hay crisis, que la pobreza tan sólo le pasa a los demás, que los que nos gobiernan se preocupan por nosotros porque son empáitcos, buenas personas, honrados, limpios, honestos. Que en absoluto piensan en su propio beneficio, en llenar sus bolsillos, en el poder, en su propio egoísmo. No. Eso no ocurre. ¿Estamos locos o qué? Porque si nos da por pensar lo contrario y manifestarnos, ya ganará la Roja y saldremos todos a la calle a gritar de emoción. O ya nos harán cazar bichos amarillos por cualquier lugar de la Tierra. 

Así que hasta que no salga una app que me haga cazar corruptos, creo que seguiré leyendo e intentado buscar esas miradas que tanto necesito. Esas que aún me buscan y busco. Así que si hay una aplicación impresa en nuestro ADN puede que empiece a cazar miradas y mis piernas sean las únicas que me lleven a ellas... Por lo que si me ves, mírame y compartamos la vida...


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