¿TIENES UN MINUTO...?




Cuántas veces nos lo dicen por la calle a lo largo del día, ¿verdad? Hordas de encuestadores, supuestos "voluntarios" de ONG que van a comisión, vendedores de lotería, de compra de oro... Y así tienes que ir esquivando a uno y otros que, por su parte, te intentan hacer sentir culpable y, muchas veces, lo consiguen. Bueno, conmigo sí porque es muy fácil hacerme sentir culpable del hundimiento del Titanic, de la extinción de los dinosaurios y, ya puestos, del final de Los Serrano. 

Así que ayer por la mañana escuché la preguntita de rigor y esto es lo que me pasó... No invento nada porque mi vida es así de curiosa y digna de cualquier guión cinematográfico:

Una mañana cualquiera paseas por Madrid  y sale un chico de una tienda. Un chico de los de anuncio de colonia y te dice:
-¿Tienes un minuto?
Y tu piensas... " y dos también".
Y te dice que te va a poner una crema maravillosa en las bolsas de tus ojos y tú piensas: "cabrito... pero que no hace falta que digas lo de las bolsas y que pongas cara de que llevo dos carritos de Mercadona debajo de cada ojo". Pero vamos, el chico es de anuncio de colonia y tú dices que sí tímidamente haciéndote un poquito de rogar (segundo y  medio exactamente)
Entras, te pone en un sillón en el que podrías quedarte dormido hasta mañana y te mira cual Sherlock Holmes intentando descubrir todas tus taras. Pone cara de "no tienes remedio" y, como última esperanza,  te pone una fantástica cremita  en una de las inmensas bolsas bajo tus ojos que él remarca sin parar y tú ya te empiezas a ver un poco como la Duquesa de Alba. El modelazo te  masajea durante treinta segundos exactos, porque según él es uno de los secretos del éxito,  y dice mientras hace que me enfrente con esa imagen en el espejo que intento evitar desde que he entrado:
-¿Ves? A que es increíble.
Yo, sinceramente, la bolsa sigo viéndola tan grande como la puerta de Alcalá, pero vamos, no le voy a decir al chico que no así que pongo cara de alucine y sigue con su milagro. Va  saca una nueva crema de caviar de no sé cuantos kilates o como se mida la calidad de la crema de caviar y me la pone en la mitad de la cara. Dice que es para quitar las varices de la piel. Pero.. un momento... .¿tengo varices en la cara??? La felicidad con la que entré empieza a diluirse cada vez más y no paro de pensar que cuando me vaya de ahí no voy a salir de casa en una semana, un mes., o hasta que estén de moda las bolsas oculares rematadas por varices interminables. Así que pone la crema de un color negro como el alquitrán y la deja treinta segundos. Recordad que es el secreto del milagro. Me miro al espejo. Parece que acabo de salir de la mina, pero él no me da descanso y la retira con un imán. Sí. Un imán de los de la nevera casi. Y la crema se va como por arte de magia y yo me quedo como si me hubiese sacado un conejo de la oreja, o la Torre Eiffel tamaño natural. Y sí. Reconozco que me miro bien y la bolsa del ojo se ha ido y la parte de la cara que se ha ventilado su ración de caviar está  muy reluciente.
Por un momento me veo como Jane Fonda y no me preguntéis por qué. Y va y me dice que el milagro cuesta cientos de euros y yo digo que no, que aún no he mirado la primitiva. Que si  me toca el Euromillón ya si eso hablamos.  Y, arriesgándolo todo, le pregunto si me va a dar crema en la otra parte de la cara y en el ojo que queda.  Y dice que esa es la muestra que dan. Que su labor ha acabado. Y el miro aterrorizado. No sé si quiere que compre la crema a plazos o si me va a regalar una televisión de 42 pulgadas por la compra de todos los productos. Además lo me ha tratado el ojo de un lado y la mejilla del otro, por lo que es imposible que me ponga mi antifaz del Fantasma de la Opera. 
Así que me voy corriendo a casa intentando que la gente no me vea con media cara llena de varices y un ojo con una bolsa que ya es del tamaño del Retiro. Con lo feliz que estaba yo con mis taras aquella mañana.
Eso sí, el chico sigue siendo de anuncio de colonia y yo me siento un poco más Duquesa de Alba.

Pues si... eso me pasó y me hizo pensar en lo mucho que nos machacan con la estética y con agobiarnos con la imagen. Me vino a la mente una película maravillosa de Barbra Streisand titulada "Las Dos Caras del Amor" que va un poco sobre eso y si no la habéis visto os la aconsejo. ¿Os dais cuenta de cómo vivimos esclavizados por la imagen? No nos dejan ser naturales y es verdad que unas cremitas hidratantes para nutrir la piel están bien. Que ciertos cuidados son necesarios y yo los hago. Pero ha llegado un punto en el que ya no somos nosotros ni nosotras. Que ponemos fotos en la redes sociales o redes de ligue que parecen sacadas de tienen más retoques que la revista Hola. Nos avergüenzan nuestras arrugas que son marcas de vida o esas bolsas que tan sólo son un grito de que igual deberíamos de dormir más o menos... no sé... También os voy a decir que la sensación de hombre con varices en la cara se me pasó a los diez minutos porque no es para tanto, porque ha llegado un punto en mi vida en el que soy como soy. Que en algunas culturas gusto mucho seguro. Que si lo que te interesa de mi es la imagen pues entonces tenemos un problema. Porque yo busco en mi vida quien me quiera por cómo soy, con esa pasión que intento demostrar a cada minuto. Alguien que valore más lo que hay dentro que lo que hay afuera. Alguien que cuando despierte no se asuste de los bostezos ni de los ojos somnolientos. Alguien que te vea guapo estés como estés porque reconoce esa belleza que viene de mucho más adentro. Por eso no me gastaré cientos de euros en cremas de caviar, porque no me gusta el caviar, porque soy más de patatas Bravas que de marisco. Soy sencillo y complicado a la vez. Y eso es lo que cuentan mis arrugas una a una. Y me gustan e intento no ponerle Photoshop a mi existencia.

Por eso... si alguien os dice "¿tienes un minuto, por favor?", huye... huye sin mirar atrás... siempre y cuando no sea algo que, de verdad, creas que merece la pena...


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