ESPEJISMOS DE ALCOHOL



Te sientas a tomar un café, de esos que tomas todas las mañanas y que te sirve para alimentar los nuevos pensamientos, esos que no se niegan a desaparecer. Miras el teclado y sabes que tienes que escribir, que en cualquier momento aparecerá la historia que te raptará ese día. Y oyes una voz. Una voz teñida de alcohol que se balancea a una mesa y pide un café. Una voz solitaria que pide atención y que, de alguna manera, intentas evitar, porque trae demasiados recuerdos que te ha costado enterrar. Tapar con esa tierra húmeda que tan fácil es de remover. Ves una mujer, vestida de pena y soledad. Una mujer que se mece con olas de una próxima demencia. Esa demencia alimentada por espejismos de alcohol. Y recuerdas... recuerdas sobre todo, cómo olvidar. Pero la voz es incansable. Habla de lo mal que está el mundo, de que no tiene dinero para comprar ni tabaco... lee la carta del bar... Como si fuese una niña a punto de examinarse, recita con cuidado recetas de "queso fresco", "anchoas" y demás delicias que sabe que no va a poder comprar. Tose. Se remueve y habla con alguien que para mí no existe, con alguien que seguro se sienta a su lado y le invita a perderse entre la inconsciencia de ese día por llenar. Notas como te mira. Como suplica una frase para olvidarse de que la noche aún está lejos. Y te ve escribir. Se pregunta si eres un escritor o un periodista que la sacará de la miseria. Que le llevará a programas de viernes por la noche y la convertirá en esa estrella de cine que nunca llego a ser. 

Ves como se levanta. Le pesa la vida y sientes cómo es algo que le puede pasar a todo el mundo, que te puede pasar a ti, que le pasó a alguien que creíste querer. 

Y se marcha. Despacio. Con esa mirada que ve lo que tú no alcanzas a percibir. Quizás el futuro. Quizás el pasado. Quizás el NUNCA JAMAS. Te regala un "hasta luego" y olvida todo lo vivido. Te regala una sombra que se pierde en una mañana que ya no ser repetirá. Y sabes que por la noche, los espejismos de alcohol la atraparán sin remedio y será tristemente feliz durante lo que dura esa desconexión del presente.

Y piensas en tu infancia. Piensas en las sillas contra la pared. Esas sillas que evitaban los embistes de alcohol. Piensas en las veces que viviste aquello y que nunca conseguiste entender. Te preguntas si podrías haber hecho algo, si hiciste algo....

Pero sigues tu vida. Sigues imaginando... Y te quedas impresionado por esos ojos, esos ojos que te recuerdan otros, otros muchos que decían lo mismo, que suplicaban lo mismo... Ojos que nublaban su presente.. porque la única manera de soportarlo era cubriéndolos de "espejismos de alcohol"....

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