SIN NOTICIAS DE MIS SUEÑOS...




Soñar. Siempre me ha gustado soñar. Hundirme en la noche y dejarme ir. Esperar que los párpados me muestren el camino y no preguntarme más. Hay veces que son tan reales que duelen. Tan vivos que hacen que te preguntes si realmente estás dormido. Cuantas veces he oído la frase "soñar despierto" y cuantas veces he preferido la noche. Vale, sí, me gusta soñar despierto pero la vida a menudo nos lo pone muy difícil. Hay demasiado ruido, demasiada manipulación que me aparta de ese camino durante un rato. Y sueño. Ahora lo estoy haciendo. Ahora escribo desde más allá de mi conciencia, de mi imaginación y me dejo ir.

Pero hay días en los que no tienes noticias de tus sueños y te mosqueas. Son esos días que crees tener la solución a tus esperanzas y la cama te arropa con sus brazos no dejándote ir. Y te preguntas la razón por la que te has dejado ir.  Que te dicen que persigas tu sueño como si fuese un ladrón a la fuga. Porque si persigues algo es porque de alguna manera te lo quiere poner difícil. Porque igual ni siquiera quiere que lo alcances. Pero sigues persiguiendo sueños y en esa agotadora persecución te cruzas con nuevas esperanzas y nuevas ilusiones. 

Hoy es un día gris porque las nubes lo han decidido así. Hoy es un día en el que si miro al cielo imagino cosas que creí haber olvidado. Sueño e imagino. Porque todo está ahí. Hoy es un día que puede parecer negativo pero no lo es. Porque llevo mucho tiempo intentando transmitir que lo negativo siempre nos trae un pellizco de verdad. Que la propia tristeza alimenta día a día toda felicidad. Y por eso no me importa si lloro o me siento triste. Porque sé que es parte del juego, del sueño. 

Cuantas veces todos esos espirituales, entre los que me encuentro,  te tapan con abrazos mientras te dan pautas en las que el fondo es: "la vida te está probando", "paciencia", "todo pasa por algo", "hay algo ahí que debes aprender". Y tú les escuchas y les dices que sí (te dices que sí), mientras te planteas la razón por la que la vida te está probando, que ya llevas teniendo paciencia mucho tiempo, que si todo pasa por algo igual ya hace tiempo que has aprendido lo que te están intentando enseñar. Así que ¿por qué no pasamos al siguiente nivel? 

¿Somos felices? Cuesta, ¿a que si? Ves las redes sociales con sus gritos de alegría y te preguntas qué haces mal. Unas y otros te pasean por los morros fotos maravillosas y frases cargadas de un significado que se diluye al momento. Intentas no poner la tele porque es enemiga de la esperanza, una flecha mortal contra la ilusión. Intentas no impregnarte con odios políticos y futuros inciertos. Miras las fotos de Gandhi y Coelho. Te preguntas si deberías hacerte budista, mormón o seguidor de una galaxia muy muy lejana. Igual la solución está en que te echen las cartas por 40 euros y decidan por ti. Es cómodo. Siempre y cuando no te digan nada malo, porque eso no tiene gracia. No. Si pago es para que me digas que me va a tocar la lotería, que voy a estrenar la obra de teatro del siglo o que mañana encontraré por casa un diamante de un millón de kilates que alguien se dejó abandonado bajo una baldosa. 

Y la vida sigue. Sigue en silencio a base de gritos. Minutos que pasan lentamente a una velocidad vertiginosa. Y ahora llueve. Las nubes han decidido que tiene que ser así. Que el que hayas llevado a lavar a tu perrita no es razón para que no se descargue la tormenta del siglo. Cosas de Murphy, el tipo más gafe de la Historia.

Y sonrío. Porque es el truco. Sonrío porque a mi alrededor la gente vive y eso es importante. Sonrío porque es el arma que nos viene de fábrica. Sonrío e imagino que todo puede cambiar en un segundo. Que hoy no tengo noticias de mis sueños porque están soñando sus propios sueños. Que esta noche me contarán cosas nuevas y comprenderé todo. 

Sonríe y siente. No pienses que la lluvia es el desenlace de la tristeza. Es la consecuencia de la felicidad. 

Mientras tanto... seguiremos sin noticias de nuestros sueños...

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