LO QUE VIENE SIENDO REPARTIR "HOSTIAS"...



La gente que bien me quiere dice que ponga un filtro a mis dedos, a mis pensamientos pero, aunque lo intento, me cuesta mucho el callarme ante muchas cosas que me parecen dignas de la mismísima Inquisición. Hoy me he despertado con esta noticia que me ha acuchillado el alma por todos los rincones. Este es el ejemplo de esos que nos machacan e intentan dar ejemplo. Esos cuyos seguidores llenan nuestras ciudades de autobuses intentando dar lecciones para un examen que deberían de suspender siempre. Estas son las bases de unas sonrisas hipócritas que maquillan los deseos más ocultos y depravados. Esta es la verdad siendo otro tipo de secta aprobada por la sociedad. Por lo visto cuando yo era acosado en el colegio y los curas me subían a la habitación para tocarme aquello que quedaba al aire, era porque yo lo iba pidiendo a gritos. Parece ser que con diez u once años vas provocando con tus pantalones cortos y tu inocencia... que las "hostias" que nos pegaban y las palizas que yo he presenciado en clase, era porque si, porque eso curas tenían la supuesta ley de su Dios en la mano y la verdad absoluta. Pues no, nadie tiene la verdad absoluta. Nadie es quién para opinar de tu vida y menos aún, nadie se tiene que atrever a culpar del dolor a aquel o aquella que sufre ese dolor en silencio. Cuánta homosexualidad reprimida noto en esas miradas, en esas sonrisas hipócritas. Cuanta oscuridad y deseo sexual se grita entrelíneas. Me dan asco. Me dan mucho asco. He conocido curas gays que se pierden en garitos de ambiente intentando arrancar migajas de placer ocultándose en cuartos oscuros que saben a confesionario. He escuchado a ciertos curas decir auténticas barbaridades y ser más supuestas "locas" que esa Drag Queen que emuló a Madonna e intentó innovar con su número sobre la Virgen. Esa misma que fue inseminada por una paloma, acontecimiento que si dijeses hoy en día te llevarían derechito al manicomio. Yo no soy religioso. No sigo ninguna secta aunque la llamen católica. Creo en mi día día. Intento respetar ciertas creencias aunque me cueste un esfuerzo tremendo. Dejé de creer hace mucho tiempo, quizás porque mi supuesta "inteligencia" analiza los factores y saca conclusiones. Que no quiero desperdiciar mi vida entre oraciones y creencias de un paraíso o un Juicio Final. Que a mi me suenan a cuentos para niños pequeños. Cuentos de terror. Que no quiero que llegue el día en el que me vaya de este mundo y durante unos segundos me sienta defraudado por no encontrar un San Pedro con sus llaves esperando mi entrada en un Spa Celestial con Todo Incluido. Aunque cierta parte de la sociedad te diga que son metáforas y que no hay que tomarlo al pie de la letra. Venga, va, ¿en serio? Intento respetar pero se me va el respeto al leer estas opiniones, al presenciar autobuses que acosan a niños y niñas que no se sienten tales. Autobuses con frases ofensivas que intentan convencer de que no son dignos de vivir y que su única solución es desaparecer de este mundo. Porque eso me transmitieron a mi de pequeño, eso hicieron entre todos. Lo reconozco, no quise vivir porque esa iglesia a la que me obligaban a ir me transmitía el pecado y el terror. Mientras tanto esos curas me invitaban a su habitación para palpar mi piel, esa piel que tatuaron de desconcierto. Intento respetar y se me va el respeto cuando se da noticia a manifestaciones de ultracatólicos que tratan al homosexual como un perro, un insulto que a mi me debería de sentar bien pues los perros son mucho más tolerantes con el ser humano que esos supuestos "conocedores" de la verdad universal. Pero no puedo respetar que me llamen monstruo, no puedo respetar que gente que conozco se haya quitado la vida porque se les ha convencido de que no la merecen. No puedo respetar y por lo tanto, según ellos, soy carne de infierno. Un infierno del que ellos son los propietarios. Un infierno en el que yo he vivido gracias a sus sonrisas cargadas de maldad. Por lo tanto me levanto y grito un: "¡BASTA YA!". Que nos dejen en paz. Que en este país somos muchos menos católicos de lo que dicen las estadísticas. Que nos lo ponen muy difícil para salir de esa secta. Que les convienen los números porque esos números son subvenciones, presuntamente claro. Y por favor, sólo pido que se me excomulgue de una vez de una religión que no practico, en la que no creo y de la que renegué hace mucho tiempo.

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