Temporada 1 - Episodio 2 "Heidi vs Marco"




Cuando busco en mi memoria, la primera serie que viene a mi mente es Heidi. Muchos de nosotros crecimos con sus lágrimas y sus alegrías. Para mi, además, supuso el primer album de cromos que completé. Aún lo guardo con cariño y de vez en cuando echo un vistazo al número 97. Ese que me hizo pasar noches en vela, que me hizo gastar las perrillas que me daban los domingos, esas que gastaba con ilusión en la tienda de revistas que había en la esquina de casa. Ya no recuerdo cuantos cromos iban en un sobre, ni siquiera lo que costaban (5 pesetas, ¿puede ser? ¿Alguien se acuerda?), pero no me importaba dilapidar mi pequeña paga y echar por tierra un futuro universitario, si el premio era el número 97, ese que me haría famoso en el colegio, el único que habría conseguido llenar el album, el dueño de Heidi, por los siglos de los siglos. Pero el cromo se resistió, mi paga se agotó y me hice con estampitas de las montañas, de Niebla, del abuelo, de Clara... Una y otra vez, repeticiones que me agotaban. Alguien comentó que nunca ponían todos los números y así... Y así ¿qué? Era un "así" con puntos suspensivos que trataban de tranquilizarme pero me transmitían una duda que mi mente infantil no lograba calibrar. ¿Así... qué? ¿Porque así tendríamos algún trauma interesante que contar a futuros psicoanalistas? ¿Así aprenderíamos a no coleccionar nada en el mundo? (Durante un tiempo estuve coleccionando entradas de cine que pegaba en folios de papel y les añadía un simple comentario a la película como "Muy Buena" o "Regular". Un auténtico derroche de imaginación) En fin, que dicen que la esperanza es lo último que se pierde, así que una tarde, al salir del colegio, en el lugar sagrado donde miles de niños nos mostrábamos el arsenal de cromos con la única ilusión de encontrar nuestro "vellocino de oro", inicié la eterna rutina de te enseño me enseñas (en aquel tiempo tan sólo estampitas) y, de repente, ante mis ojos, apareció el deseado número 97. Mis ojos debieron hacer chiribitas, aunque me obligué a no caer en el desmayo fácil y que mi ángel salvador no se hiciese de rogar mucho. Lo importante es que salí airoso con mi tesoro y cumplí esa primera tarea que nos viene dada con la infancia. Completé mi primer album y durante un minuto y medio, exactamente, fui el chico más popular de mi colegio.

Quizás por todo esto, Heidi significó tanto en mi vida. Era esa serie que nos hacía llorar, nos hacía reír y nos mantenía en vilo episodio tras episodio, esperando que Clara se pusiese en pie y emulase a la futura bailarina de "Flashdance". Pero entre la Srta Rottenmeyer, las desventuras de Pichí y el empeño de hacernos esperar hasta el final para que Clara se pusiese en pie, nuestra existencia era un sin vivir de Copitos de nieve y cabras perdidas en las montañas.

Quién nos iba a decir que poco después llegaría Marco, con la eterna búsqueda de su mamá. Al principio, reconozco, me enganchaba ese no saber si en ese episodio llegaría el momento del reencuentro. O ese mono adorable que todos queríamos tener (creo que en una tómbola ganamos una réplica bastante horrorosa que terminó desgastada por el continuo mal uso y la manía de mi madre de lavar todos los peluches). Pero al final, llegué a cansarme de la mala suerte que tenía el pobre chico. De que por más que lo intentase, la madre se hacía mucho de rogar. Al tiempo nos enteramos de que para que llegase el esperado episodio final, la cadena suprimió unos cuantos episodios (supongo que doscientos o trescientos) y se produjo lo que tanto esperábamos, pero que os juro no consigo recordar.

Y es que, reconocedlo, ¿recordáis más el encuentro de Marco y su mamá o el momento en el que Clara se pone a caminar? Yo, por mi parte, no tengo grabado el momento madre-hijo, pero sí el sufrimiento de la rubita con su eterno traje azul y su mantita protectora. Aún la veo tirada sobre la hierba, con su lucha por conseguir algo que cambiaría su vida, ese sufrimiento en su cara, esas gotitas de sudor, esas muecas, ese padecimiento... Y como broche de oro, esos primeros pasos, ese despertar a un futuro bailarín, esa alegría familiar al sentirnos todos Clara, esas lágrimas, ese amor a borbotones....

Pero... por más que rebusco en mi mente, no recuerdo ni una escena del reencuentro de Marco con su mamá... quizás en su lecho de muerte, quizás la encontró en el bingo, o haciendo top-less en la playa... Que alguien me ayude, por favor. Aunque siempre nos quedará youtube, ¿verdad?

Así que, para mí, gana Heidi de todas todas, incluso la canción (que todos nos aprendímos en japonés), se impone a la de Marco (que tristeza de Puerto italiano, allá por las montañas y que no te vayas mamá, no te alejes de mí... ¿cómo una canción podía transmitir tanto dolor a niños de ocho o nueve años?)

En fin... que esta pelea daría para mucho, pero creo que por el momento voy a dejarlo. Quizás en otro momento la retome o me deis vuestras impresiones, que seguro que son muchas. Por el momento, Heidi, allá donde estés (quizás te convertiste en profesora de aerobic y junto a Clara montasteis un grupo musical que pasó  desapercibido en Eurovisión representando a Suiza), sabes que fuiste mi heroína, la inspiración de todos mis dibujos y la que me hizo el chico más popular durante pocos minutos, los suficientes para saber que  te iba a recordar el resto de mis días...

Comentarios

  1. Como podemos olvidar Heidi...todos la recordamos. Es cierto que hasta cantabamos en japones ¡que ilusos eramos! Solo esperaba la tarde del sábado para ver el capitulo semanal. Y Clara cuando se levantó de la silla de ruedas. Ahora en estas series actuales, sólo esperamos a ver quien se queda embarazada, o quien sale del armario o quien recibe la paliza más fuerte. ¿Te das cuenta del cambio?
    Por cierto, recuerdo tu colección (entre otras muchas) de entradas de cine.
    Besos. Teresa

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  2. La verdad es que no es cuestión de comparar a Heidi con Marco, por lo menos desde mi punto de vista, estas series de antes como bien comenta Tere eran distintas a las de ahora, tenían ternura y frescura a la vez, tanto heidi como marco eran 2 luchadores, 2 niños rozando la pobreza casi sin familia, que tiraban para adelante con una sonrisa en la cara y a diferencia de lo que dice jael Belmont a mi nunca me dio realmente pena marco, le veía eso si a veces triste cuando iba localizando pistas sin poder llegar a encontrar a su madre, pero también veía que se divertía y le pasaban cosas curiosas en sus continuos viajes de aquí para allí.
    Heidi y Marco fueron un ejemplo de como hacer dibujos animados que cumplían una doble misión por un lado entretener (no sólo a los peques que los mayores también las veían) y por otro lado divulgar valores humanos, divulgar la nobleza, el espiritu de superación, la amistad, el amor incondicional, la inocencia y tantas y tantas cosas buenas ... que por otro lado contrastan tanto con los bodrios de dibujos que ponen hoy en día, que la verdad me da bastante miedo por que influyen mucho en la educación de nuestros peques.

    Pues eso gracias Marco y gracias Heidi, por haber contribuido a reunir a la familia entorno a vosotros y haberme no sólo reido y echado alguna lágrima con vosotros, si no sobre todo haber aprendido valores.

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  3. ¡Enhorabuena por este blog! Ya era hora de que alguien se tomara las series en serio. Nos acompañan con una cercanía que hace que a veces los personajes sean como parientes lejanos. Cuando nos perdemos algún episodio, preguntamos: ¿qué le ha pasado a Iván? ¿Cómo van los del Asturiano? ¿Han matado a Carol? ¿Se ha aparecido Elisa? Vamos, lo normal, como si fueran vecinos.

    La verdad es que los recuerdos que tengo de Marco y Heidi son ráfagas en mi mente en las que aparecen críos de ojos grandes como lunas corriendo de una manera muy rara. Me gustaba más Heidi, con una cancioncilla más animada y una vida menos penosa, con personajes más afectuosos. Ahora me vienen a la menoria unos panecillos de pan blanco que a alguien le encantaban... por cierto, tenían una pinta estupenda.

    Lo de Marco era tristísimo, sólo con la música ya se intuía el panorama del pobre muchacho, buscando a su madre con un mono... Amedio, Amelio?, qué desolación. La veía porque no había otra cosa, pero me dejaba un cuerpo...

    En fin, ¿alguien se acuerda de una serie que se titulaba "Islas perdidas"? Corrían los años 76 ó 77, verano, creo que los miércoles a media tarde...

    Besos maños.

    María José

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  4. Aquellas maravillosas series que han llenado nuestra infancia de alegría y además las veiamos todos y todos hablábamos de las mismas, porque claro si veias la televisión no tenías otra opción...Ahora estoy rememorando estas series y sobre todo las canciones con mi sobrino de tres años y a veces he de reconocer que alguna letra se me resiste.

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  5. Esa serie de "Islas perdidas" no sería una que trataba de un niño, un negro, un "Wilowy" -yo qué sé cómo se escribía, si no sabía ni una palabra de inglés-, y creo que un perro PERDIDOS EN EL TRIÁNGULO DE LAS BERMUDAS.....Me chiflaba y no recuerdo el título.

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