Temporada 1 - Episodio 4 "Los de Arriba y Los de Abajo"







Hablar de esta serie hace que se me llene la boca de halagos y emoción. Eran los setenta y yo, un crío, la verdad. Por aquel entonces me dedicaba a otro tipo de televisión, más centrada en "chiripitiflauticos" y las marionetas de Herta Frankel con su inseparable perrita Marilín (os reconoceré que aquellos muñecos me regalaron alguna que otra pesadilla, pues me parecían bastante terroríficos y amenazantes... nada que ver con mis adorados "Thunderbirds" de los que hablaré en otro momento). Así que fue un poco después cuando disfruté realmente de ella, pues en una de las reposiciones (seguramente en la 2), descubrí episodios cargados de riqueza visual, de guiones trabajados, de personajes con el ambiente y personalidad rancia de la época que me enganchaba sin remisión. Y es que siempre he valorado la calidad de las series inglesas y he intentado seguir casi todas las posibles. Son muchas las que vienen a mi mente de las que hablaré en un futuro. Pero creo que "Arriba y Abajo" se merecía una mención especial; el señor Hudson, el criado perfecto sin el cual la casa iría rumbo al desastre; Rose, la doncella con la que parte la serie y cuyo punto de vista será el que definirá la sociedad de la época; la Sra Bridges en su papel de cocinera hasta el último recodo de su ser, dueña y señora del lugar de las ollas y sartenes y orgullosa de ser el punto central de ese micro-universo de niveles separados por campanillas nada celestiales que delimitaban el mundo de "abajo". El grupo inferior, lo formaban muchos otros personajes unos que venían otros que se marchaban, pero todos dejaban ese gusto a lo bien hecho, a lo bien acabado, para centrarnos en los de Arriba. Ese paraíso de la opulencia, de la moqueta, de la madera siempre brillante, los juegos de té, los sillones exentos de invitaciones al relax y posible siestecita, con la amenaza de una tortícolis de clase alta con posibilidades de esguince cervical. Allí vivían las historias mudas y con clase, historias dramáticas con sombreros enormes y vestimentas aparatosas. Situaciones envueltas en humo de pipa y cigarros puros, ante la atenta mirada de cofias almidonadas y delantales de blanco nuclear.  Me encantaba todo lo que veía, disfrutaba de cada rincón, de cada elemento de la decoración. Era como esa casa de muñecas que imaginaba, esas casas victorianas a las que debemos quitar las horribles muñecas con caras de porcelana, horrorosas, que todas nuestras abuelas tuvieron alguna vez y que a mí, he de reconocer, me regaló algún que otro terror nocturno. Allí veo aún al Sr Bellamy, a  Lady Marjorie Bellamy y no olvidar a Georgina, que para mí definió la belleza inglesa de entonces. No puedo nombrarlos a todos, pero todos están en mi mente. Aún hoy en día hay muchos "Arriba y Abajo", aunque sé que a vuestra mente han venido imágenes de pueblos en fiesta y lavavajillas que quitan la grasa sólo con tocar la etiqueta.

Echo de menos series como aquellas. Afortunadamente en el cine, aún ha quedado alguna joya que nos devuelve a aquellos años. Mi venerado director Robert Altman nos deleitó con Gosford Park, la cual os recomiendo totalmente.

Así que mi recuerdo de hoy se va a "Arriba y Abajo". Me voy al último episodio (si vais a ver la serie y no queréis seguir, saltaos este párrafo, pues hablo del final, aunque ese final no es importante), ese en el que Rose se pasea por la casa vacía y cada habitación le trae las voces del pasado, esas que quedan grabadas en las paredes, en el suelo, en el techo, esas que se alimentan de imágenes ocultas en nuestra mente que toman vida durante unos instantes y se convierten en lágrimas de pasado, esas lágrimas que derramé amargamente, porque todo acababa, porque se iban, porque igual que Rose, me quedaba huérfano de risas de cristal, de miradas educadas y vicios ocultos. Se me bautizaba como seguidor de series hasta el fin de mis días. En esos momentos, acompañando a la doncella por cada parte de la casa antes de abandonarla, sabía que no había vuelta atrás, sería aquel que iba a estar en cada escena, esperando, disfrutando, conviviendo, deseando. Iba a ser parte de ellas, de todas, porque en ese momento se gestaban todas las series por venir y todas ellas serían parte de mi.

Gracias a ti, descubrí otro mundo y viví en él.

Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo,las series británicas bordan a la perfeción esa época, en la que la sociedad de entonces era tan rígida y moralista.Esta serie reflejaba a la perfección esas diferencias entre amos y servidumbre,y la relación entre ambos siempre tan correcta e impecable.-Si te gustó la serie te recomiendo dos peliculas:Regreso a Howars End y Lo que queda del día,creo que son del mismo director.Ah! se me olvidaba hay una serie con la que disfruté tambien muchisimo: La saga de los Forsyte,de la BBC, es genial, lo que pasa es que no está traducída,pero para tí No PROBLEM

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