NUEVO AÑO, NUEVOS SUEÑOS Y MI TRISTEZA FELIZ...



Ha empezado un nuevo año y, como siempre, me planteo cosas. La verdad es que para eso no me hacen falta nocheviejas ni cambios de milenio ni nada que se le parezca, pero esa noche pues parece que te paras un poquito más a pensar y te traes de los pelos algún que otro recuerdo que habías olvidado...
Pero ya estamos a día dos y la vida sigue siendo igual, la gente continúa con su  misma cara, sus mismos ojos, bocas, sueños, suspiros, esperanzas, tristezas... No sé... No me encuentro triste, en absoluto... siempre vivo en una alegre melancolía, en una tristeza feliz, es una cosa que no puedo explicar y que la puedo explicar cuando se me mira directamente a los ojos. Los que me conocen muy bien lo comprenden a la primera y, a menudo, se lanzan a compartirla. Quizás muchos y muchas de los que me leéis tenéis ese sentimiento y hasta hoy no le habíais puesto nombre y quizás, hasta sentís alivio... No... no estamos locos...  puede que esa feliz tristeza nos permita seguir adelante, que nos regale futuro y esas sonrisas que tanto nos merecemos. Como cuando escuchamos canciones para llorar... porque lo necesitamos, porque las lágrimas nos limpian la pena y nos llenan de esa suave tristeza que trae la felicidad que aún guardamos y que no sabemos lo bella que es...
Y me quedo en silencio. Me quedo mucho en silencio, porque es ahí donde encuentro todos los sonidos que reconozco. Me pasa mucho que las palabras se me quedan vacías y voy más allá... me siento mal cuando estoy en un grupo de gente y escucho palabras que me son ajenas y me dejo ir... me dejo volar y siento que no soy yo, hay quien lo llama evolucionar... yo lo llamo refugiarme en mi... porque aunque vivo de sonrisas y de palabras, aún necesito ese pequeño huerto de historias que cultivo día a día a base de silencios...
El año pasado es pasado y tenemos que dejarlo allí... porque siempre os hablo del ahora... y hoy no va a ser distinto... hablemos en estos momentos de él y dejémoslo marchar. Pensad en él... con su música, con sus silencios, con sus risas, con sus lágrimas, con su sequía.. pensad... y se marcha, se marcha lentamente... Mirad todas las velas encendidas que quedan delante... como dijo el gran Kavafis... quedan muchas velas en el camino y esas son bellas y nos llenan el alma... Porque a mi ese año que se fue de puntillas me trajo muchas alegrías pero también grandes decepciones... pero las decepciones son capítulos que se cierran, son etapas necesarias porque nada es para siempre y eso nos hace aprender. Porque no somos dueños de nosotros mismos y, a veces, ni siquiera de eso. 
Y dad las gracias... yo las doy.. a aquellos y aquellas que estuvieron y que ya no están... y no porque se hayan ido de este mundo... sino porque se han ido de mi mundo... porque tenía que ser así. Porque las personas son pasajeras en este nuestro viaje y no tenemos que obligarnos a retenerlas, porque haremos que su propio viaje, el que han elegido, vaya por caminos que nos convienen a nosotros pero no a ellas... 
Y doy las gracias, por la vida, por los sentimientos, por las risas, por las tristezas, por las lágrimas... Doy las gracias a esos amigos y amigas que aún siguen a mi lado.. Te doy las gracias a ti, que cada mañana me despiertas con una sonrisa e iluminas el día.  Doy las gracias a los que os habéis marchado y que puede que algún día decidáis volver... no soy rencoroso, porque el rencor es tan sólo una rabieta infantil que no lleva a ningún sitio... 
Hoy  me dejo llevar y quiero que cada uno y cada una que leáis esto lo sintáis diferente, porque cada línea es distinta. Hoy me dejo llevar y siento vuestras miradas... miles, cientos, decenas, una... da igual...  Hoy mi tristeza sigue siendo feliz, porque es la que me hace seguir escribiendo, la que hace que este año que empieza a bostezar siga sonriendo... y aún queda mucho por hacer, por decir, por vivir...  

Gracias por estar a mi lado...

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