UN CAFÉ DE 21 EUROS...



Se acerca la navidad  (si... lo he puesto con minúscula, que a mi la navidad no me gusta mucho y prefiero que se me pase en minúsculas... además no soy católico y tampoco la celebro... por lo que espero que lo paséis por alto y quede como una anécdota) y es la época en la que nos empiezan a asaltar con miles de deseos que realmente no deseamos pero que están ahí aunque nos pongamos miles de millones de corazas. La verdad es que muchos desean esas ilusiones y muchos, aunque lo neguemos, las deseamos un poquito. En este blog mío que tantos años tiene hay una entrada perdida que habla de porqué no me gusta la navidad, así que os invitó a ir al buscador y hacer lo propio... creo que se titula "porqué no me gusta la navidad" (qué original)... lo digo por no repetir cosas y que sepáis un poquito más de todo esto... Pero voy a lo que voy... A este año en particular.  Y todo viene por el anuncio de la lotería. Como siempre nos sorprenden. El pasado nos aterrorizaron bastante, con el equipo capitaneado por la Caballé y Raphael (con ph así neutro) que al menos dio pie a infinidad de parodias que me hizo llorar de risa. Pero este año nos han venido con un anuncio que hace llorar de pena, mucha pena... al menos al principio. Yo, la primera vez que lo vi, me lo comí en un suspiro. Cuando acabó tenía lagrimillas en los ojos y terminé con un "qué chulo"... Totalmente capturado por el buen hacer del fabuloso Alfonso Delgado ante el que me quito el sombrero setenta y siete veces. Me pareció maravillosa la manera en la que me transmitió esa ilusión por sobrevivir.
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Y la televisión siguió con más anuncios... Champú... Coches... Matías Prats que me aterrorizaba con los 15 puntos de mi carnet de conducir, Lola Herrera que me hacía sentir culpable por no tomar Actimel y de que mis defensas se estaban quedando en las últimas, mientras Arguiñano me sentenciaba con un estreñimiento del tamaño del Bernabeu.  A la mañana siguiente alguien hablaba del anuncio, que si que chulo, pues yo lloré, a mi me encanta, será que estoy baja de defensas (creo que cerca vi a Lola Herrera)... y por la noche en casa de nuevo el anuncio... y os juro que lo vi desde otro punto de vista... ya era distinto... Vino a mi mi alma de creativo, de escritor... me vi en la mesa de aquellos que tan sólo quieren que compres lotería... "vamos a hacer que la gente necesite comprar" "Hagamos que se sientan mal de haberse dejado el bar de la esquina, de no haber comprado en la oficina, de no haber aprovechado el último número de la Asociación de Vecinos del Barrio..."... Sé que soy cruel...  pero creo que de vez en cuando hay que intentar rebuscar para sacar verdades... Pero no os preocupéis que al final siempre nos quedará lo bueno, ya lo veréis...  Pero sí... hacen un anuncio tocando la fibra y lo hacen muy bien... Es muy bonito... muy muy bonito... (obviando que no hay bar que yo conozca en el que un café valga un euro.. pero eso es pura anécdota)... Necesitamos ilusión... Mucha ilusión... Y escucho a la gente decir... "me encanta", "yo he llorado", "es tan bonito"... Y pensemos... es muy bonito llorar desde nuestras televisiones de plasma, desde nuestros portátiles Apple, desde nuestros Ipad, desde nuestros Smatphone, es muy bonito llorar desde nuestro "al menos he llegado a fin de mes"... es muy bonito "emocionarse" desde nuestros apartamentos que podemos pagar y desde toda esa lotería que podemos comprar y que si no toca pues "a ver si tenemos más suerte el año que viene"... Es muy bonito decir "me encanta y yo he llorado".. pero... Señores y Señoras de La Lotería Nacional Del Estado.. ¿no estaría bien crear un décimo quizás especial del parado a 3 euros o tirando la casa por la ventana (y perdón por la cruel comparativa sin dobles intenciones) digamos 5 euros? Quizás para que sea accesible para todo el mundo... o para casi todo el mundo.. para que este país no se empeñe por veinte euros, que con el euro parece que es poco pero que son tres mil y pico pesetas de las de antes y son muchas pesetas, se lo juro...  Igual podrían hacer un cambio, no sé... yo lo lanzo al aire y ya que en el anuncio han bajado el precio del café... podrían hacer lo mismo con el de los décimos, ¿no?

Pero nos ilusionamos... seguimos llorando al verlo... Y el anuncio lo veremos mil veces y se perderá el efecto.. porque es el problema de la publicidad, que se pierde... Que las cosas tienen que emocionar por la escasez y no por el exceso... al contrario que el amor...  Porque el amor no es un anuncio de televisión... el amor no es predecible como la publicidad, el amor fluye con naturalidad y la publicidad tiene el tiempo calculado... Así que la primera vez que vi a ese hombre llorando en la barra de ese bar me emocioné... pero después vi la realidad y supe que entrelineas había algo que debíamos saber... y quien quiera verlo está invitado...

Comentarios

  1. Estupendo artículo.Pienso exactamente igual que tú, en todo lo que has dicho. Eso es lo que pensé después de verlo. Al contrario que tú, yo no lo había visto, solo había leído lo que ponían en las redes sociales. Así que cuando lo ví, ya me habían contado lo de llorar, precioso, emocionante, etc etc. .... No me emocionó, porque pensé, como bien dices, en esas personas que no pueden no sólo comprar un décimo (yo si compro), sino que aun siendo creyentes, no pueden celebrar la navidad (a mi no me gusta, pero la familia, es la familia). Así que volviendo al principio de la cuestión, han hecho un buen trabajo de "primer impacto" . Es una manera muy cruda, de ver cómo pueden "trabajar" con nuestros sentimientos ¿verdad?, pero así es la publicidad....

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  2. Yo sí que celebro la Navidad. Pero menos hacia afuera y más para adentro. No me gustan las bolas brillantes ni esas calles adornadas de luces que no significan algo. Simples pegotes diseñados por alguien que no siente pero que le cobra al ayuntamiento. Me gusta la familia, mis hijos, mis nietas, hacerles regalitos que no originen demasiado dispendio, envueltos en papeles de colores y lazos, porque la sorpresa, es más abrir los paquetes, que ver lo que hay dentro.
    Me gusta cocinar algo especial, que no tiene porque ser lo clásico. Porque me abruma hacer las cosas por costumbre. Prefiero tomarlo todo como vivencia nueva, renovada. Y voy a Misa, como cada domingo, porque me siento a gusto conmigo misma, y espero que se remueva en mí, otra pizca de esperanza para seguir viviendo.
    No me importa esa navidad con minúscula de adornos y faroles, tan repleta de artificios, por explotación comercial y por negocios, que tanto desencanto origina en las personas que mantienen la capacidad de pensar por si mismas. Esa es una navidad postiza, sin fondo, sin contenido. Y esa no es la Navidad que cada año vivo, con algún pequeño matiz diferenciado, porque la imaginación, como en todo, en eso también cuenta.
    Comprendo lo que habéis escrito. La adulación, el comecocos y la hipocresía, son males antiguos que aquejan a los animales que caminamos a dos patas, y es preciso luchar, piel hacia adentro, para escapar de ellos.

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